Piel, Cabello y Uñas, Complementos y Vitaminas

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Muchas mujeres y un número cada vez mayor de hombres gastan cantidades asombrosas en productos de belleza para la piel, el cabello y las uñas.

En la mayoría de los casos, estos productos actúan sólo de manera superficial. No hacen más que camuflar problemas cuyo origen reside en desequilibrios internos. Y es que la piel, el cabello y las uñas son un fiel reflejo de nuestro estado de salud.

Si quiere realzar su brillo y luminosidad, primero es necesario que busque un equilibrio en su alimentación. También debería reforzar la acción de la queratina, un componente esencial tanto del cabello como de las uñas y de la piel.

La piel es el primer signo visible de nuestro estado de salud

La piel es un tejido que nos protege de las agresiones externas. Hace posible el mantenimiento de la temperatura corporal y protege músculos, huesos y órganos.

Una piel radiante suele ser el primer signo visible de un buen estado de salud y de una correcta alimentación, ya que un gran número de alteraciones de la piel son el resultado, en parte, de carencias nutricionales.

Un rostro envejecido (mejillas fláccidas, piel que cuelga bajo la barbilla) puede ser consecuencia de una carencia de zinc, de vitaminas C y D, y de aminoácidos, que aportan elasticidad al colágeno de la piel (fibras que forman el tejido que sostiene la piel).

La palidez de la piel puede ser signo de anemia (escasez de glóbulos rojos), generalmente por falta de hierro, aunque también puede deberse a una carencia de ácido fólico (vitamina B9), de vitamina B12, de cobre o de vitamina C.

Una piel seca suele ser indicio de una carencia de ácidos grasos poliinsaturados del tipo Omega-6, de vitamina A o de betacaroteno (el precursor de la vitamina A).

Desde hace unos años, hay investigadores que relacionan el acné con una alimentación rica en productos refinados. Los productos refinados poseen un índice glucémico elevado; es decir, provocan un aumento rápido del azúcar en sangre, lo que a su vez hace que aumente la producción de insulina. Unos niveles altos de insulina desencadenarían una serie de reacciones que desembocarían en la aparición del acné. (1)

El acné aparece también con frecuencia en casos de déficit de zinc y de vitamina A.

Causas de alteración de las faneras (cabello y uñas)

El cabello, los dientes, las uñas y el vello son faneras, es decir, estructuras complementarias de la piel, que se caracterizan por su elevada queratinización.

Tenemos cabellos que se aproximan al final de su ciclo (y están a punto de caer) y cabellos nuevos recién salidos del cuero cabelludo. Por tanto, es normal perder algún cabello diariamente, ya que están sujetos a un ciclo natural. Sin embargo, no es normal que perdamos más cantidad de cabello del que nos sale nuevo, y esto podría deberse a distintas causas.

En primer lugar, a causas hormonales.

En la mujer, especialmente durante el embarazo, la elevada producción de estrógenos permite tener una buena melena (tupida y brillante). Sin embargo, durante el parto se produce un inmenso desequilibrio hormonal que puede provocar una importante caída del cabello. De la misma forma, durante la menopausia, la disminución (y finalmente la interrupción total) de la secreción de estrógenos da lugar a un desequilibrio hormonal en favor de las hormonas androgénicas (testosterona), lo que se traduce en un cabello más frágil, más fino, de crecimiento más lento y con menos brillo.

En el hombre, la caída del cabello suele ir ligada a factores hereditarios, generalmente hormonales. Es la causa principal de la llamada alopecia androgénica. La caída del cabello se debe a una sensibilidad especial del folículo pilosebáceo a la disminución de la producción de dihidrotestosterona.

Los factores nutricionales también pueden agravar la caída del cabello o favorecer la aparición de caspa.

Hoy en día sabemos que todos los tipos de caída del cabello, incluso los de origen hormonal, pueden acelerarse o agravarse por una alimentación que no aporte suficientes micronutrientes, especialmente vitaminas del grupo B, vitamina C, vitamina D, hierro, zinc y aminoácidos.

La falta de vitamina B6 podría ser la causa de desequilibrios en la producción sebácea. El cabello graso y la caspa, por el contrario, son el resultado de una producción excesiva de sebo que favorece la proliferación de microorganismos (bacterias, hongos y levaduras) y provoca la descamación de la piel del cuero cabelludo y la producción de la caspa.

Con los cambios de estación, nuestro organismo debe adaptarse a grandes variaciones (luz, temperatura, humedad, etc.) que generan a su vez alteraciones hormonales.

Esto conlleva una aceleración del ritmo de renovación capilar (el cabello cae en grandes cantidades durante 4-6 semanas). En invierno, la lluvia, el viento y el frío, y en verano, el calor, la sequedad y la exposición solar, debilitan el cabello.

Teniendo en cuenta que el pelo que cae lleva muerto varias semanas, es imposible actuar directamente sobre la caída; sin embargo, sí podemos actuar en su repoblación. Así, deberemos incluir en nuestra alimentación todos los nutrientes necesarios para que el folículo encuentre en la circulación sanguínea todo aquello que necesita para crecer.

Como sucede con el cabello, las uñas también reflejan nuestro estado de salud. La falta de hierro, magnesio y vitaminas A, B5, B8 y E crea problemas que les afectan: deformaciones (aparición de fisuras o huecos), aspecto arcilloso, alteración del color (color amarillento, azulado o pálido), desdoblamiento y uñas quebradizas.

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